Estaba tan segura dentro de mi disociación.No porque no doliera, sino porque incluso el dolor tenía límites.Había imprevistos, desgracias, malestares, rechazos y abandonos,pero siempre existía alguien que me reconfortaba,alguien que me cuidaba,alguien que me amaba exactamente como yo necesitaba ser amada. Hasta cierto punto me sentía profundamente acompañada.Mis personajes no huían, no dudaban, no seSigue leyendo «Reaprender a perderte»