Soy capaz de recorrer muchos kilómetros por alguien en quien creo. Por alguien a quien quiero. Y yo creo en ti. Y te quiero a ti.
La distancia no es solo espacio: es desgaste. Rompe, cansa, desespera. Puede soportarse cuando merece la pena, cuando es compartida. Pero cuando solo uno sostiene el hilo, cuando el otro no tira, el fuego se apaga. Y si no se aviva, acaba muriendo.
Eso es lo que más me entristece. Porque si supieras —o quizá debería decir, si quisieras saber— lo que podríamos darnos, lo que podríamos llegar a ser…
Te veo incluso a través de todo lo que te rodea. A través de tus cargas, de tus problemas, de los sacrificios que haces por quien no siempre los merece. Por todo eso, lucharía por ti aunque estuvieras al otro lado del mundo.
Hemos pasado tanto tiempo juntos en la lejanía que ya nos reconocemos en las palabras. En las frases que repetimos sin darnos cuenta. En esos diálogos que parecen propios, casi privados. No es una ilusión mía: se nota cuando hablamos. Quien nos escucha lo percibe. No sé cuánto valoras eso, pero tiene un valor incalculable.
Nos entendemos. O al menos yo te entiendo cuando hablas.
Vi lo que me transmitiste desde el principio, la primera vez que te miré a los ojos. Eso no se puede fingir. Los microgestos no mienten, solo hablan para quien sabe observarlos.
Pero te detiene tu plan de vida. Tu manera de entender el camino. Crees que no hay otro, o que no puede convivir con nada más. No sé cuál de las dos ideas duele más. Porque negarse a mirar es cerrar puertas. Y aunque sea legítimo, también hiere. Sé que no deseas dañar a nadie. Aun así, el daño existe.
Y pese a todo, no puedes evitar que te vea. Que te piense. Que te quiera. Incluso sabiendo que no llegaremos a nada.
No creo que me eches de menos. Y sin embargo, llega un punto en el que estás presente casi todo el día. Sin buscarlo. Sin llamarte. Pienso en lo que te gustaría, en lo que disfrutarías. Veo lugares donde podrías estar, personas que se parecen a ti, y durante un segundo espero que se giren y seas tú.
Hemos compartido tantas horas… Me has contado tanto de ti, de tu historia, de tu vida, que te veo en mil sitios que nunca has pisado y que quizá nunca pises.
Porque, a pesar de todo, me descartas. Soy consciente de ello. No soy —ni fui— una opción para ti. Tal vez algún día comprenda por qué. Pero lo sé. Sé que cuando decidas compartir tu vida con alguien, no seré yo. Y aun así, me alegraré por ti. De verdad. Y más aún por ella.
Yo seré esa amiga lejana. La que siempre está. La que escucha sin juzgar. La que pregunta por ti, por los tuyos, por tus problemas, por tus fechas importantes.
Y mientras tanto, me descubro mirando a otros y pensando que no es igual. Que me gusta más cuando lo dices tú. Que no me hacen sentir lo mismo. Sonrío cuando me escribes, aunque no digas nada importante, y me recuerdo a mí misma que debo mantener opciones abiertas, porque tú no me quieres para ti.
Pero mi amor se resiste. Se niega a olvidarte. A soltar tu risa, tu voz, tu mirada. Tu forma firme de hablar. Todo aquello que dices desear y que se parece tanto a lo que yo deseo.
Temo el día en que me convenza de no buscarte más. Porque creo que tú no me buscarías. No por falta de aprecio, sino porque nunca te falta compañía.
Y aun así, si alguna vez quisieras elegirnos, verías que no habrá nadie que te quiera como yo. Nadie que te conceda tanta libertad para ser tú mismo. Nadie que respete tus decisiones, incluso cuando le duelan. Nadie que espere tanto sin reclamar. Nadie que quiera tocarte el alma y fundirla con la suya hasta que no existan distancias ni circunstancias capaces de separar. Nadie que confíe así. Nadie que entregue tanto sin exigir nada a cambio. Nadie que hable con esta desnudez.
Pero no sabrás nada de esto. Porque no quieres mirar. Y cuando no se quiere mirar, da igual lo grande que sea el cartel o lo clara que sea la verdad: se pasa de largo.
Y tú, a mí, no me miras.
Aun así, aun siendo un descarte, agradezco el lugar que me permites ocupar en tu vida, sea el que sea. Aprovecharé cada instante. No creo que sepa negarme nunca a ti.
Se acostaron sin promesas, cada uno en su propia noche. La ropa aún cargaba el peso del día —el polvo de las horas, las palabras no dichas, las renuncias pequeñas— y el silencio se extendía entre ambos como un territorio inmenso. No compartían habitación, ni ciudad quizá. Solo el mismo instante. Esa franja frágil del tiempo en la que dos conciencias, sin saberlo, pueden rozarse.
Cuando él cerró los ojos, el sueño no llegó como una caída, sino como una suspensión. No estaba del todo dormido ni plenamente despierto. Era un estado intermedio, una deriva suave en la que el cuerpo descansaba mientras algo más se activaba. Allí, sin tránsito ni mapas, quedó entrelazado.
En ese espacio sin coordenadas, la distancia dejó de comportarse como una barrera. Los cuerpos no se tocaban —no podían— y, aun así, se sentían. Cada respiración de ella, en algún lugar lejano, provocaba una corriente tibia en su pecho. Cada pensamiento de él despertaba en la piel de ella un temblor inexplicable, como si el aire a su alrededor hubiera cambiado de densidad.
Como partículas hermanas separadas por kilómetros de mundo, reaccionaban a distancia. Bastaba que ella sonriera en la penumbra de su propia habitación para que a él se le tensaran las manos, sin saber por qué. Bastaba que él deseara —sin formularlo, sin nombre— para que a ella se le erizara la espalda, como si alguien hubiera pronunciado su nombre en voz baja.
No hubo prisa. El deseo no necesitó cercanía para existir. Se propagó despacio, como una ecuación resuelta en susurros, una verdad que no exigía demostración. Miradas que no miraban, labios que no rozaban, calor que crecía sin permiso, atravesando paredes, ciudades, husos horarios.
Él soñó que la conocía desde antes del tiempo, desde un lugar donde la materia aún no imponía límites. Ella soñó que lo esperaba desde siempre, con la calma de quien intuye que lo esencial no se retrasa, solo encuentra su forma.
En ese cruce invisible, el placer no fue un acto, sino una idea compartida. Una vibración común. Una certeza íntima: lo que sentía uno, lo sentía el otro, aun separados por la geografía y el silencio.
Cuando el sueño comenzó a disiparse, el mundo regresó con lentitud, como si también dudara en interrumpir algo delicado. Al despertar, seguían lejos. Cada uno en su espacio intacto. Pero algo había cambiado. Una cercanía nueva habitaba ahora la distancia.
Él abrió los ojos. Ella respiraba distinto.
No hablaron. No hizo falta. Algunas experiencias no buscan ser explicadas, solo reconocidas.
El sueño había colapsado la posibilidad en realidad, dejando una huella tibia entre ambos, tendida a través del vacío, como un hilo invisible. Como si el universo, cómplice y discreto, hubiera guiñado un ojo… y luego se hubiera retirado en silencio.
Estaba tan segura dentro de mi disociación. No porque no doliera, sino porque incluso el dolor tenía límites. Había imprevistos, desgracias, malestares, rechazos y abandonos, pero siempre existía alguien que me reconfortaba, alguien que me cuidaba, alguien que me amaba exactamente como yo necesitaba ser amada.
Hasta cierto punto me sentía profundamente acompañada. Mis personajes no huían, no dudaban, no se cansaban. Con ellos el amor era comprensible, moldeable, completo. Me entendían en lo luminoso y en lo oscuro, y yo estaba a salvo. Siempre protegida.
Durante mucho tiempo no pude creer que aquello solo pudiera existir en mi mente. Pensé que debía haber algo así fuera, algo igual de real. Y cuando me atreví a salir, entendí lo reconfortante que es una burbuja en la que decides quién te hiere, cuándo y de qué manera.
Fuera me tropecé con muchos. Y entonces apareciste tú, no para salvarme, sino para recordarme lo que duele sentir.
Me recordaste lo que cuesta amar de verdad y dejar ir lo que no es para nosotros, aunque lo queramos. Por puro amor. Y joder, cómo revienta, cómo duele.
Me recordaste lo que es sentirse deseada y después desaparecer sin más, como si nada hubiera pasado, como si nada importara, porque estamos ocupados, porque la vida aprieta, porque nadie quiere explicar demasiado.
Conmigo misma siempre hubo alguien que entendía el amor como yo lo siento. Lo sentí por ti, como antes por otros, pero tú me devolviste una verdad distinta: solo fui un instante. Y ese instante fue suficiente.
Suficiente para saciar un momento, para disfrutarlo, y después dejarlo atrás por miedo a que se convierta en algo más. Por miedo a tener que entregar más de un veinte por ciento de nosotros.
O porque quizá solo tuvo importancia para mi.
Me recordaste que la distancia no existe cuando se prende un fuego. Que hay días que pasan en un minuto y minutos que se convierten en días esperando, solo para verte pasar de puntillas.
Me recordaste lo que es reaprender a quererte para luego reaprender a tener que perderte.
Dime si debo seguir esperando o si en silencio ya te he perdido.
Te escuché incluso cuando dudaste de mí.
Callé verdades por miedo a romperte, a rompernos a los dos antes de nacer, pensé que el tiempo hablaría por los dos, pero el tiempo no avisa cuando empieza a doler y parece que se está acabando antes de lo que podría pensar.
Dime si se acabaron las posibilidades o si queda una rendija de luz.
No es tu intención, lo sé, pero esta incógnita me está destruyendo.
Vivo entre el sí y el no, entre quedarme o huir de ti, dime si aún hay un camino
o si ya no debo seguir.
Me estoy convenciendo, poco a poco, que todo ocurrió en mi cabeza, emociones intensas nacidas por ti.
Pero tus gestos de deseo eran reales, esa mirada era real y me desvela, no quiero dejar de intentarlo, no soy de las que se rinden fácilmente.
No te culpo por no sentir igual, soy yo por no saber parar, por tener otra forma de amar.
Dime si se acabaron las posibilidades o si queda una rendija de luz.
No es tu intención, lo sé, pero esta incógnita me está destruyendo.
Vivo entre el sí y el no, entre quedarme o huir de ti, dime si aún hay un camino o si ya no debo seguir.
Si tengo que irme, dímelo claro, si tengo que quedarme, también.
Prefiero una verdad que duela a este vacío que no sé leer.
No me dejes suspendida en el aire, no me dejes sola decidiendo por los dos, porque amar sin respuesta también rompe el corazón.
Dime si se acabaron las posibilidades o si aún piensas en mí.
No es tu intención, lo sé, pero esta incógnita me está destruyendo aquí.
Si ya no soy tu lugar, déjame aprender a partir,
pero si aún queda un latido…
dímelo, no me dejes seguir muriendo así.
Dime…si debo seguir esperando o si ya te he perdido.
Dicen que el infierno arde…pero nadie te cuenta cómo quema esperar a alguien que ya vive dentro de ti. El fuego de ese infierno que dicen que existe se parece a esta espera constante que me resiste, a este nudo en el pecho cuando no te veo venir, cuando el tiempo se alarga y me olvido de dormir.
Ardo lento, sin llamas, sin gritos, sin señal, solo el eco de tu nombre rebotando en mi moral. No es castigo divino, es humano y real, es amar a destiempo, es perder el control mental.
Me acerco al borde solo por notar tu calor, porque cuando te acercas se me calma el dolor. No es necesario que me toques siquiera, solo dime que estás, que en esta guerra interna eso ya es paz. Y corro tras lo bueno aunque me cueste la vida, la existencia se ríe, me lo muestra y lo quita. Como zanahoria y palo, promesa maldita, me hace perderlo todo mientras sigo la pista.
Y me pierdo a mí misma por no perderte a ti, dime si ves lo que duele cuando callo así. Sigo esperando el momento de verte venir, aunque el fuego me diga que aquí voy a morir. Maldita existencia, siempre el mismo guion, me enseñas algo puro y después desaparece. Me das fe, me das luz, me das una razón y luego la alejas como prueba de Dios.
Persigo lo verdadero con los pies llenos de miedo, sé que cuanto más corro más lejos me quedo. Y en el reflejo del daño voy perdiendo el credo, ya no sé si te busco o si huyo de mí misma.
Me prometí mil veces no cruzar este umbral, pero tu voz me desarma, me vuelve animal. No es obsesión, es hambre de algo real, de sentir que este caos tiene algo vital. Y corro tras lo bueno aunque me cueste la vida, la existencia se ríe, me lo muestra y lo quita. Como zanahoria y palo, promesa maldita, me hace perderlo todo mientras sigo la pista.
Y me pierdo a mí misma por no perderte a ti, dime si ves lo que duele cuando callo así. Sigo esperando el momento de verte venir, aunque el fuego me diga que aquí voy a morir. Quisiera tener la clave, el código, el ritual para unir tu alma a la mía de forma ancestral. No solo piel con piel, no solo lo carnal, algo eterno, algo más allá del bien y el mal.
Que no exista el deseo mirando a otro lugar, ni la curiosidad que te quiera llevar. No por celos vacíos ni por dominar, sino por miedo a perder lo que me hace respirar.
Sé que suena egoísta, sé que suena fatal, pero el amor también muerde cuando es visceral. No quiero jaulas, ni promesas de sal, solo que elijas quedarte sin tener que mirar atrás. Si el infierno existe, lo llevo en la voz, cada vez que te nombro y no estamos los dos. Si el cielo responde, que lo haga hoy, que me diga si esperar tiene algún valor. Tal vez amar no sea poseer ni atar, tal vez sea aguantar sin dejarse quemar. Pero dime tú cómo se aprende a soltar cuando lo único cierto eres tú y nada más.
Sigo aquí, incompleta, pero aún de pie, con el fuego en el pecho y fe en la piel. Si algún día te acercas sabré entender si este infierno era prueba… o solo aprender. Porque a veces el castigo no es perder a alguien, sino encontrarse a uno mismo demasiado tarde.
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Confiar en los demás es una de las bases fundamentales de las relaciones humanas 🤝. La confianza permite la construcción de vínculos sólidos y fomenta un sentido de comunidad y seguridad. Sin embargo, muchas veces, quienes confían en los demás se ven expuestos a la hipocresía, la manipulación y la traición. Estas experiencias pueden dejar secuelas emocionales y psicológicas profundas que afectan distintos ámbitos de la vida de una persona 💔.
Las personas que han sido traicionadas o manipuladas suelen experimentar un profundo impacto emocional. Algunas de las principales consecuencias psicológicas incluyen:
😔 1. Desconfianza Generalizada
Una de las reacciones más comunes tras una traición es la pérdida de confianza en los demás. Si alguien ha sido víctima de la hipocresía o la manipulación, puede desarrollar una actitud de escepticismo hacia futuras relaciones. Esta desconfianza puede derivar en el aislamiento social y la dificultad para formar nuevos lazos afectivos.
💔 2. Baja Autoestima y Sentimientos de Inseguridad
Cuando alguien es engañado o traicionado, puede comenzar a cuestionar su propio juicio y valor personal. Las personas manipuladoras suelen hacer sentir culpables a sus víctimas, lo que puede derivar en una disminución de la autoestima y sentimientos de insuficiencia.
😰 3. Estrés y Ansiedad
La incertidumbre y el dolor emocional provocados por la traición pueden generar niveles elevados de estrés y ansiedad. La persona traicionada puede revivir constantemente la situación en su mente, experimentando síntomas como insomnio, taquicardias y dificultad para concentrarse.
😞 4. Depresión
Cuando la traición proviene de alguien cercano, como un amigo, familiar o pareja, el impacto emocional puede ser devastador. Sentimientos de tristeza profunda, desesperanza y falta de motivación pueden aparecer, dando paso a episodios depresivos.
💔 5. Problemas para Establecer Relaciones Futuras
Aquellas personas que han sufrido manipulación y traición pueden desarrollar miedo a la intimidad y a la cercanía emocional. Esto puede afectar tanto relaciones de amistad como románticas, dificultando la capacidad de confiar nuevamente en otros.
🌍 El Impacto Social y Laboral
La hipocresía, la manipulación y la traición no solo afectan el ámbito emocional, sino también el entorno social y laboral de la persona afectada. Algunos de los efectos incluyen:
🚶♂️ 1. Aislamiento Social
Después de haber sido traicionado, es común que las personas se alejen de su círculo social por miedo a ser lastimadas nuevamente. Esto puede generar soledad y una disminución en el apoyo emocional que la persona recibe.
💼 2. Dificultades en el Trabajo
En el entorno laboral, la confianza es clave para una buena dinámica de equipo. Si alguien ha sido víctima de la manipulación en el trabajo, puede volverse más reservado y desconfiado, lo que puede afectar su desempeño y la calidad de sus relaciones con colegas y superiores.
🏡 3. Rupturas Familiares
Las traiciones dentro de la familia pueden ser especialmente dolorosas. La deslealtad de un ser querido puede generar resentimiento y divisiones familiares difíciles de superar.
💪 Estrategias para Superar la Traición y la Manipulación
Aunque las consecuencias de la traición pueden ser devastadoras, existen formas de sanar y recuperar la confianza en uno mismo y en los demás. Algunas estrategias efectivas incluyen:
🧘♂️ 1. Aceptar el Dolor y Permitirse Sentir
Negar o reprimir los sentimientos de dolor solo prolonga el sufrimiento. Es importante reconocer las emociones y darles un espacio para ser procesadas.
🗣️ 2. Buscar Apoyo
Hablar con amigos de confianza, familiares o un terapeuta puede ayudar a comprender y gestionar mejor las emociones tras una traición.
🚧 3. Aprender a Establecer Límites
Ser consciente de los propios límites y aprender a decir «no» puede ayudar a evitar ser manipulado nuevamente. Es clave identificar las señales de advertencia de personas manipuladoras.
🌿 4. Cultivar la Resiliencia Emocional
Trabajar en la fortaleza emocional ayuda a enfrentar futuras adversidades con mayor estabilidad. La meditación, el ejercicio y las actividades artísticas pueden contribuir a la regulación emocional.
🤲 5. No Generalizar la Experiencia
No todas las personas son traicioneras o manipuladoras. Es importante recordar que hay personas genuinas y leales en el mundo, y permitir nuevas oportunidades para construir relaciones saludables.
Confiar en los demás y ser traicionado es una experiencia dolorosa que puede tener consecuencias emocionales, psicológicas y sociales significativas. Sin embargo, es posible sanar y aprender de la experiencia para fortalecerse emocionalmente. La clave está en encontrar un equilibrio entre la confianza y la prudencia, estableciendo límites saludables y rodeándose de personas que realmente valoren la honestidad y el respeto 🤍. A pesar del dolor que puede causar la traición, cada experiencia es una oportunidad para crecer y reforzar nuestra capacidad de discernir en quién podemos confiar ✨.
Confiar en los demás es una de las bases fundamentales de las relaciones humanas 🤝. La confianza permite la construcción de vínculos sólidos y fomenta un sentido de comunidad y seguridad. Sin embargo, muchas veces, quienes confían en los demás se ven expuestos a la hipocresía, la manipulación y la traición. Estas experiencias pueden dejar secuelas emocionales y psicológicas profundas que afectan distintos ámbitos de la vida de una persona 💔.
Las personas que han sido traicionadas o manipuladas suelen experimentar un profundo impacto emocional. Algunas de las principales consecuencias psicológicas incluyen:
😔 1. Desconfianza Generalizada
Una de las reacciones más comunes tras una traición es la pérdida de confianza en los demás. Si alguien ha sido víctima de la hipocresía o la manipulación, puede desarrollar una actitud de escepticismo hacia futuras relaciones. Esta desconfianza puede derivar en el aislamiento social y la dificultad para formar nuevos lazos afectivos.
💔 2. Baja Autoestima y Sentimientos de Inseguridad
Cuando alguien es engañado o traicionado, puede comenzar a cuestionar su propio juicio y valor personal. Las personas manipuladoras suelen hacer sentir culpables a sus víctimas, lo que puede derivar en una disminución de la autoestima y sentimientos de insuficiencia.
😰 3. Estrés y Ansiedad
La incertidumbre y el dolor emocional provocados por la traición pueden generar niveles elevados de estrés y ansiedad. La persona traicionada puede revivir constantemente la situación en su mente, experimentando síntomas como insomnio, taquicardias y dificultad para concentrarse.
😞 4. Depresión
Cuando la traición proviene de alguien cercano, como un amigo, familiar o pareja, el impacto emocional puede ser devastador. Sentimientos de tristeza profunda, desesperanza y falta de motivación pueden aparecer, dando paso a episodios depresivos.
💔 5. Problemas para Establecer Relaciones Futuras
Aquellas personas que han sufrido manipulación y traición pueden desarrollar miedo a la intimidad y a la cercanía emocional. Esto puede afectar tanto relaciones de amistad como románticas, dificultando la capacidad de confiar nuevamente en otros.
🌍 El Impacto Social y Laboral
La hipocresía, la manipulación y la traición no solo afectan el ámbito emocional, sino también el entorno social y laboral de la persona afectada. Algunos de los efectos incluyen:
🚶♂️ 1. Aislamiento Social
Después de haber sido traicionado, es común que las personas se alejen de su círculo social por miedo a ser lastimadas nuevamente. Esto puede generar soledad y una disminución en el apoyo emocional que la persona recibe.
💼 2. Dificultades en el Trabajo
En el entorno laboral, la confianza es clave para una buena dinámica de equipo. Si alguien ha sido víctima de la manipulación en el trabajo, puede volverse más reservado y desconfiado, lo que puede afectar su desempeño y la calidad de sus relaciones con colegas y superiores.
🏡 3. Rupturas Familiares
Las traiciones dentro de la familia pueden ser especialmente dolorosas. La deslealtad de un ser querido puede generar resentimiento y divisiones familiares difíciles de superar.
💪 Estrategias para Superar la Traición y la Manipulación
Aunque las consecuencias de la traición pueden ser devastadoras, existen formas de sanar y recuperar la confianza en uno mismo y en los demás. Algunas estrategias efectivas incluyen:
🧘♂️ 1. Aceptar el Dolor y Permitirse Sentir
Negar o reprimir los sentimientos de dolor solo prolonga el sufrimiento. Es importante reconocer las emociones y darles un espacio para ser procesadas.
🗣️ 2. Buscar Apoyo
Hablar con amigos de confianza, familiares o un terapeuta puede ayudar a comprender y gestionar mejor las emociones tras una traición.
🚧 3. Aprender a Establecer Límites
Ser consciente de los propios límites y aprender a decir «no» puede ayudar a evitar ser manipulado nuevamente. Es clave identificar las señales de advertencia de personas manipuladoras.
🌿 4. Cultivar la Resiliencia Emocional
Trabajar en la fortaleza emocional ayuda a enfrentar futuras adversidades con mayor estabilidad. La meditación, el ejercicio y las actividades artísticas pueden contribuir a la regulación emocional.
🤲 5. No Generalizar la Experiencia
No todas las personas son traicioneras o manipuladoras. Es importante recordar que hay personas genuinas y leales en el mundo, y permitir nuevas oportunidades para construir relaciones saludables.
Confiar en los demás y ser traicionado es una experiencia dolorosa que puede tener consecuencias emocionales, psicológicas y sociales significativas. Sin embargo, es posible sanar y aprender de la experiencia para fortalecerse emocionalmente. La clave está en encontrar un equilibrio entre la confianza y la prudencia, estableciendo límites saludables y rodeándose de personas que realmente valoren la honestidad y el respeto 🤍. A pesar del dolor que puede causar la traición, cada experiencia es una oportunidad para crecer y reforzar nuestra capacidad de discernir en quién podemos confiar ✨.
No te tuve, no te tengo, ni te tendré, pero habitas en mi alma desde el principio de nuestra existencia.
Cuando dos energías convergen en el mismo pensamiento, en el mismo instante, se enlazan en un lazo más profundo que cualquier realidad tangible. Así nos unimos sin saberlo, en un encuentro sin tiempo ni espacio, destinado a existir sin jamás concretarse.
Somos un secreto sin nombre, sin rostro, sin lugar, pero somos. Un sentimiento íntimo, oculto, eterno.
Nadie nos conocerá, nadie nos sentirá, nadie nos compartirá. Pero nosotros, en el eco silencioso de lo que somos, lo sabemos, lo sentimos, lo compartimos. Unidos en la esencia misma del alma, sin siquiera darnos cuenta.
La destrucción del alma no es un evento físico, sino emocional y espiritual. Puede ser el resultado de una tragedia personal, como la pérdida de un ser querido, o puede surgir de la desilusión y el desencanto con el mundo. A veces, es el resultado de nuestras propias acciones, cuando nos desviamos de nuestros valores y principios.
Una de las causas más profundas de la destrucción del alma es la traición. Ya sea en relaciones personales, en el trabajo o incluso en nuestras instituciones, la traición sacude los cimientos de nuestra confianza y seguridad. Nos hace cuestionar no solo a los demás, sino también a nosotros mismos y nuestras capacidades para juzgar y confiar.
En ocasiones me encuentro con personas que dicen que la traición es muy relativa dependiendo de quien la mire o quien la defina.
Pero básicamente la traición viene dada de alguien que traiciona tu confianza, eso que damos muchas veces a ciegas, sin pedir nada a cambio o porque creemos que es lo correcto y las acciones de la otra persona nos resulta completamente contraria a nosotros y utiliza esos datos, cosas o gestos que hemos tenido en confianza contra nosotros o solo utiliza una parte y otra la omite con su propio juicio sin expresarnos lo que opina o lo que puede ocurrir.
En ocasiones, estas acciones de terceros que no podemos controlar, nos ocasiona alguna pérdida en algún sentido y nos enfrenta a un shock y a una pérdida de confianza radical, no solo en la persona traidora, sino también en nosotros mismos porque en parte nos culpamos a nosotros por haber confiado en quien no debíamos, cuando no tenemos culpa de tal hecho, pero así nos sentimos.
La traición deja un vacío irrevocable que nos obliga o a no confiar en nadie más, lo cual nos puede provocar angustia toda la vida o a buscar un nuevo punto de vista de cara al futuro.
Las injusticias sociales, la degradación ambiental y la indiferencia social hacia los problemas urgentes que cada uno de nosotros tenemos pueden llevarnos a un estado de desesperanza increíble y una degradación de nuestra alma que a veces no se pueden recuperar o tardan mucho en recuperarse.
En numerosas ocasiones las personas no somos conscientes del daño directo que le podemos hacer a alguien con nuestras acciones y decisiones y mucho menos somos conscientes de todo el daño indirecto que les provocamos.
Entendamos el daño directo como nuestra propia traición (en cualquiera de sus facetas), el daño indirecto, la repercusión social que le creamos si hacemos algo público referente a la historia con la persona traicionada, si tenemos el poder de tomar alguna decisión que afectará directamente a su vida, si hablamos de que nos hemos liberado de esa persona porque antes estábamos atormentados por su causa, etc.
Todas estas cosas, algunas veces serán verdad y tendrán razones hasta para denunciar, etc, en ese caso, seguro que la persona traicionada ni siquiera será empatía y es posible que inicie una guerra porque el daño ni siquiera le importará, será su ego el que vaya gritando por ahí.
Pero en otras muchas, cuando la persona traicionada intenta salir del shock y tener algo de apoyo, de comprensión de ese entorno social que tanto necesitamos los animales humanos, se encuentra que se ve sin herramientas ya que las otras versiones le parecen correctas y lógicas al entorno social, legal, etc…
Es tremendamente angustioso salir de ese pozo en el que se ve sometida de repente y, en realidad, sola, porque en esos momentos tan catastróficos a todos los niveles, aunque tengamos algún apoyo, entendemos lo que es estar realmente solos.
Afortunadamente, el alma tiene una capacidad increíble para sanar. La recuperación a menudo comienza con el autoconocimiento y la aceptación. Reconocer nuestro dolor y permitirnos sentirlo plenamente es el primer paso para superarlo.
Pero ese proceso puede ser muy lento, y a veces, aunque aparentemente lo intentemos y tengamos relaciones fluidas con personas, si la traición y el sufrimiento que nos han provocado ha sido de un nivel muy alto en trauma, en nuestro fuero interno, nos costará muchísimo confiar en los demás, se dará la situación inicial a la inversa. Antes confiábamos sin pensar y ahora deberán demostrarnos para confiar, aunque no se lo digamos, por supuesto.
La creatividad es una herramienta muy buena para intentar curarnos el alma (no restaurar nuestra capacidad de confianza), da igual que sea en forma de escritura, pintura o música, la cuestión es expresar nuestros sentimientos hasta que ya , al salir de nosotros duela, pero podamos mirarle a la cara y mantenerle la mirada a ese dolor.
La destrucción del alma es una experiencia profundamente personal y dolorosa y debemos intentar convertirla en un catalizador para fortalecer nuestra resiliencia y una comprensión mucho más profunda de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.
No debemos creer en cuentos de que con el tiempo todo irá mejor y el dolor se pasará y ya no te acordarás de él, cuando el dolor es de verdad y rompe un pedacito de tu alma y desencadena la inestabilidad o la destrucción de otros 4 más, eso no se olvida y deja una cicatriz imborrable, no sanan, se aprende a vivir con ellas. Pero se puede aprender y se puede sobrevivir a ellas.
De alguna forma debemos encontrar la forma de centrarnos en nostor@s durante un ratito al día, lo que nos permita nuestra cabeza y alma atormentada, también necesitaremos algo de medicación que nos de el medico para poder centrarnos un poco y poder pensar, y muy poco a poco, hay que ser realista, muy poco a poco, iremos encontrando algún camino, solos o acompañados, que prefiramos coger para nosotros, y a la larga, seguro que salimos más fuertes internamente, menos confiados, pero con una lección de resiliencia que seguro que nos servirá en otro momento de nuestra vida.
Ánimo a tod@s los que estáis pasado un mal momento, estamos solos, pero observad las señales, nos guste o no, ellas siguen hablándonos.